Un nuevo método puede detectar tormentas solares ‘sigilosas’ antes de que golpeen la Tierra

El espacio está lleno de peligros. La Tierra y su atmósfera hacen un gran trabajo al protegernos de la mayoría de ellos.

Pero a veces esos peligros son más poderosos de lo que incluso esas protecciones pueden soportar, y pueden producirse eventos potencialmente catastróficos.

Algunos de los eventos catastróficos potenciales más comúnmente conocidos son las erupciones solares. Si bien la actividad solar normal puede ser desviada por el campo magnético del planeta, lo que a veces resulta en espectaculares auroras, las erupciones solares más grandes son un peligro a tener en cuenta.

Por eso, vale la pena celebrar a un equipo de investigadores del Instituto Internacional de Ciencias Espaciales cuales encontró una manera de rastrear mejor estos eventos naturales potencialmente peligrosos

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Extremadamente largo eyecciones de masa coronal (CME) son relativamente raras, y cuando ocurren, normalmente no apuntan a la Tierra.

Este fue el caso en 2012, cuando una erupción solar masiva pasó por alto la Tierra pero podría haber destruido las redes eléctricas y destruido satélites en todo un hemisferio del planeta.

Las bengalas tan grandes como la de 2012 son relativamente fáciles de detectar utilizando métodos de detección convencionales, debido a su tamaño pero también a su posición.

Estos sensores pueden detectar signos de brillo en la superficie del Sol que sean indicativos de una llamarada solar, o observar la llamarada en sí a medida que sale del sol hacia la oscuridad del espacio.

Desafortunadamente, las mismas técnicas de detección no pueden detectar el tipo más importante de CME, aquellas que están dirigidas correctamente para nosotros pero que no causan ningún brillo.

Estas CME, que no producen ningún signo revelador en la superficie del Sol, se conocen como CME “sigilosas”.

Por lo general, solo los notamos cuando golpean la Tierra y no tenemos una buena indicación de dónde se formaron en el Sol. Sin embargo, los investigadores utilizaron datos recopilados en cuatro CME sigilosos por la NASA. ESTÉREO nave espacial que, de hecho, los rastreó hasta sus orígenes en el Sol.

 Cuatro tiempos y técnicas de imagen diferentes capturan el CME del 3 de marzo de 2011.  La fila superior usa imágenes de intensidad;  la segunda fila usa diferenciación de imágenes con una separación temporal fija;  la tercera fila usa Ecualización de paquetes Wavelet (WPE);  y la cuarta fila utiliza la normalización gaussiana multiescala (MGN).  Las regiones de oscurecimiento y brillo se indican con flechas y la región activa AR 11165 está rodeada por un círculo con una flecha en la primera columna.  (Palmerio et al., Frontiers in Astronomy and Space Sciences, 2021)(Palmerio et al., Frontiers in Astronomy and Space Sciences, 2021)

Arriba: Cuatro tiempos y técnicas de imagen diferentes capturan el CME del 3 de marzo de 2011. La fila superior usa imágenes de intensidad; la segunda fila usa diferenciación de imágenes con una separación temporal fija; la tercera fila usa Ecualización de paquetes Wavelet (WPE); y la cuarta fila usa Normalización gaussiana multiescala (MGN). Las regiones de oscurecimiento y brillo se indican con flechas y la región activa AR 11165 está rodeada por un círculo con una flecha en la primera columna.

Cuando posteriormente analizaron esos puntos de origen con otros datos recopilados simultáneamente, notaron un patrón de brillo cambiante que apareció para las cuatro CME sigilosas.

Creen que estos cambios son indicativos de la formación sigilosa de CME, lo que permite a los científicos un tiempo precioso para detectar y prepararse para un posible impacto masivo de CME una vez que se detectan patrones similares.

Sin embargo, detectar los patrones en sí puede resultar complicado.

El trabajo de STEREO para encontrar la región de origen de las CME utilizadas en el estudio fue simplemente afortunado: la nave espacial estaba mirando en el lugar correcto en el momento correcto.

Para desarrollar completamente esta técnica, se necesitarán más datos desde un ángulo fuera de la Tierra para modelar la estructura de la CME recién encontrada y su región de origen.

Sin embargo, la ayuda está en camino: la ESA lanzó el Orbitador solar el año pasado, que debería poder recopilar los datos necesarios como parte de su misión.

También puede ayudar con un problema aún más desafiante: detectar “CME súper sigilosas”, que no aparecen en un coronógrafo, una herramienta estándar utilizada para detectar otros tipos de erupciones solares.

La comprensión es la clave para derrotar, o al menos hacer frente, a este peligro ambiental potencialmente mortal. Ahora tenemos una herramienta para predecir más de esos peligros y un camino a seguir para detectar aún más de ellos.

Este artículo fue publicado originalmente por Universo hoy. Leer el artículo original.

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