El secuestro de niños ucranianos es una estrategia deliberada del Kremlin

Los niños son los más vulnerables en tiempos de guerra y siempre son ellos quienes pagan el precio más alto durante las crisis. La brutal guerra de Rusia en Ucrania no es una excepción.

Más de un año después de que estalló el conflicto, la guerra de Rusia en Ucrania está ejerciendo una gran presión sobre los niños y jóvenes, reduciendo la perspectiva de los niños y jóvenes sobre su futuro y amenazando sus esperanzas de alcanzar su máximo potencial.

  • Eurodiputada Hilde Vautmans: ‘Desde el comienzo de la guerra, al menos 437 niños han muerto y más de 740 han resultado heridos’ (Foto: LEJOS)

Desde el comienzo de la guerra, al menos 437 niños han muerto y más de 740 han resultado heridos. Millones han huido de sus hogares, separados de sus familias y expuestos al riesgo de violencia. Más de siete millones de niños ucranianos necesitan asistencia en Ucrania y en otros países europeos.

Para apoyarlos, la UE ha reaccionado resueltamente en una muestra sin precedentes de unidad y apoyo inquebrantable al pueblo ucraniano. La Directiva de Protección Temporal de la UE ofreció apoyo inmediato a los refugiados ucranianos, de los cuales los niños constituían la abrumadora mayoría.

Pero para aquellos que son los más inofensivos, siempre debemos seguir haciendo más.

Las imágenes de los despiadados ataques rusos contra un complejo de apartamentos residenciales civiles en Dnipro, donde un niño murió mientras casi nada quedaba en pie, son un testimonio del giro que ha dado este conflicto. Las atrocidades de esta guerra no perdonan a nadie. Se está desarrollando una verdadera tragedia humanitaria ante nuestros ojos, justo fuera de la frontera de la UE. No podemos aceptar tácitamente esta violencia bárbara contra los niños a manos de los adultos. Como UE, tenemos la obligación sagrada de protegerlos. Porque si fallamos a los niños, fallamos a nuestras sociedades y todo lo que representamos.

Deportación de niños como estrategia brutal

Esta tragedia humanitaria que se está desarrollando justo fuera de las fronteras de la UE no es solo un daño colateral de la guerra. Debemos reconocer que es parte de una estrategia intencional del Kremlin dirigida a los más vulnerables: los niños.

Estos son los hechos brutales: los soldados rusos han secuestrado a más de 16.000 niños ucranianos a Rusia, separándolos de sus hogares y familias. Los funcionarios rusos han trasladado a la fuerza a estos niños indefensos y los han explotado con fines propagandísticos.

Debemos ser muy claros: estos crímenes son parte de un plan a largo plazo de Putin para borrar la identidad de Ucrania como nación. Las autoridades del gobierno ruso están operando al menos 43 campamentos donde estos niños deportados están siendo llamados “reeducados” para convertirse en ciudadanos rusos.

Otros niños ucranianos han sido enviados a la fuerza en adopción a familias rusas, traumatizados por la guerra y separados de sus propias familias.

El número de niños secuestrados es espantoso y estos horrores contradicen todos los tratados internacionales sobre los derechos de los niños y el derecho internacional humanitario. Como subrayó el Parlamento Europeo en su resolución sobre “Un año de la invasión y guerra de agresión de Rusia contra Ucrania” del 16 de febrero de 2023, el traslado forzoso de niños de un grupo a otro grupo constituye un crimen de guerra.

Esta opinión se ha vuelto indiscutible por la orden de arresto contra Vladimir Putin, emitida por la Corte Penal Internacional en marzo por su papel en la deportación de niños. Si alguien todavía tenía alguna duda: Putin es un criminal de guerra.

Frente a este horrible telón de fondo, tenemos un deber moral como Unión Europea. Todas nuestras instituciones, todos los estados miembros, deben unirse para condenar enfáticamente los repetidos crímenes de guerra y la violencia indiscriminada perpetrada por las tropas rusas. Nunca debemos dejar de arrojar luz sobre los horrendos actos cometidos contra los niños.

Si bien nuestros esfuerzos europeos para brindar todo el apoyo material que Ucrania necesita siguen siendo clave, la Unión Europea no debe, por lo tanto, hacer la vista gorda ante la tragedia humana de este conflicto. Al unísono con la comunidad internacional en su conjunto, la UE debería interferir y responsabilizar a los responsables de la deportación de niños.

Es fundamental que toda la comunidad internacional una sus fuerzas, desde los responsables políticos, los legisladores y las organizaciones de la sociedad civil, para garantizar que los niños no sean olvidados. Debemos diseñar un plan concreto que garantice que todos los niños que sufren en Ucrania tengan una oportunidad real de sobresalir en la vida.

Dado que ya ha pasado un año de conflicto, casi sin signos de apaciguamiento en un futuro próximo, ahora se pide a la UE que muestre liderazgo para abordar la difícil situación de los niños ucranianos, asegurándose de que nadie se quede atrás.

Es nuestro deber brindar a estos niños respuestas concretas, construir un sistema en el que estén debidamente protegidos y llevar ante la justicia a los responsables de su sufrimiento.

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